11.11.2009

The boy who knew too much

Tenía que volver de la muerte solo para dejarles esta genialidad de un hombre llamado Michael, mejor conocido como Mika.

Mika se confiesa liberado gracias a su nuevo CD "The boy who knew too much"

- Su último disco le otorgará "una base refrescada sobre la que trabajar en el futuro"

AGENCIAS. Madrid Sábado, 10 de octubre de 2009 - 10:54 h.

Mika es un tipo singular, de carisma arrollador, que mira a los ojos de su interlocutor y le hace creer en lo que dice. Por eso, cuando se confiesa "liberado" tras publicar su segundo álbum, "The boy who knew too much", no qued

a otra que asentir ante la veracidad que desprenden las palabras del cantante británico. "El tiempo me apremiaba para hacer este segundo álbum", explicaba esta semana el intérprete en un encuentro con varios periodistas en Madrid. Como si de pasar una página de su carrera se tratara, Michael Holbrook Penniman considera que su nuevo disco le otorgará "una base refrescada sobre la que trabajar en el futuro".

No es que vaya a abandonar el pop glamuroso y pegadizo, ese que le ha convertido en artista de masas con temas como "Relax, take it easy" o "Grace Kelly" y que expresa su lado "más naif y timburtoniano", pero lo cierto es que terminar esta etapa le dará "más libertad para hacer lo que quiera" en sus composiciones.

De momento, y en lo que respecta a "The boy who knew too much", Mika ha vuelto a apostar por esa enigmática mezcla que, aunando melodías alegres y temáticas oscuras, bien se podría denominar como azúcar amargo: "Creo que el equilibrio entre algo oscuro y algo que te da esperanza es realmente interesante", concluye el artista nacido hace 26 años en Beirut.

Declara Mika que "emociones como el amor, el odio, la alegría o la tristeza" pueden parecer "normales" para el común de las personas. Sin embargo, el arte es capaz de elevar los sentimientos a "un nivel de hiperrealidad" y convertirlos en "algo mucho más impresionante". "Creo que ese es el secreto de mucha música pop", asevera.

Y ahí retoma Mika el concepto que inunda su último trabajo discográfico, la adolescencia, continuación de esa infancia que había retratado en "Life in cartoon motion". "Esa actitud diablesca que combina enfado y alegría es muy reactiva, no sabes por dónde va a salir, y eso es muy de adolescentes", afirma.

La capacidad de "reaccionar ante las cosas como si fuera la primera vez" es un aspecto crucial en la música del intérprete, que, con gran precisión, ha sabido plasmar la inseguridad y el romanticismo juveniles en canciones como "We are golden", "Blame it on the girls", "Dr. John" o "Pick up off the floor".

Pero Mika, al menos en lo que a su música se refiere, parece que dejó las vacilaciones atrás hace bastante tiempo. "Puede que el disco no haya llegado al número uno, pero ha tenido buena acogida y está en el 'top 10' de las listas de descargas en todos los países del mundo", relativiza.

"No soy idiota, claro que me gustaría que el disco estuviera el primero", asegura este chico espigado antes de criticar a "discográficas, artistas y medios de comunicación", que viven "obsesionados" con "esas chorradas de 'el disco más vendido en la primera semana'". "Eso mata las obras, y no pienso permitir que me ocurra", sentencia.

Como "chorradas" son esas "etiquetas" con las que han tratado de encasillar su orientación sexual. "Creo que es una obsesión de los medios, pero he de decir que es algo que jamás ha condicionado mi vida porque ha formado parte de mí desde que era pequeño", aclara Mika.

De sexualidad entendía un rato Freddie Mercury, al que Mika admira y califica de "fantástico". "Que me comparen con él es un honor, pero también una presión que no quiero", dice el artista residente en Londres para librarse de una comparación que ha sido recurrente a lo largo de su joven carrera.

Y mientras se despide, Mika cuenta entre carcajadas una sabrosa anécdota: "Lo más interesante es que Mercury vivía en la esquina de al lado de mi casa, ¡y tenemos el mismo jardinero!".

Diario de Navarra



 
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